27 ene. 2017

Pudor: ¿recato o miedo?

Sea como fuere, aprendemos que el cuerpo debe ser escondido y que su presencia desnuda debe ser relegada a la intimidad. Inocente, me lo creí; no porque lo pensara, sino el tipo de cosas que se aprenden y creen sin pensarlas.

Recato, cautela, reserva, carencia de vanidad. Sin embargo, pareciera que el cuerpo debe ser protegido y vigilado, así como su presencia pública fuese motivo de deshonra o molestia.

Recuerdo de niños a una buena amiga a quien, inocente, quise enseñarle mi bañador. La escena fue interrumpida por alguien mayor, quien interpretó en ello una incipiente heterosexualidad, en lugar de la inocencia de quien ni si quiera pensó en esconder su cuerpo.

Cuando esta carencia de vanidad se torna en salvaguardia de la propia imperfección ante el ojo ajeno, ¿hablamos entonces de vergüenza de uno mismo?, ¿es falta de autoestima?

Poco a poco experimenté al respecto. Recuerdo a mis 18 años la ocurrencia de pasar unas horas solo en una playa nudista, en Almayate (Málaga). Años después con amigos (Almayate, Benalmádena y costas de Maro).

Seguí vivenciando desnudos ante público: sexo, discotecas sin camiseta, vestuarios, cafetería nudista, citas médicas, saunas y alguna fiesta peculiar. Con ello, se abrió un conjunto de experiencias sensuales: nadar desnudo, sentir un soplo de aire discurrir desde los pies hasta la cara y morbos que trascienden la mera atracción hacia un cuerpo desnudo.

De repente, carecía de sentido cerrar la puerta de la ducha ante tales amigos, sentirme incómodo en citas médicas o las prisas por taparse del ojo ajeno.

El pudor pudiera ser mera falta de vanidad, pero también temor a ser visto. ¿Es, pues, una forma de miedo?

Según gran parte de la antropología y psicología, en bastante medida qué hacemos genera lo que pensamos y estas creencias, después, las que concuerdan con las acciones. Por tanto, quizás, cuando dejamos de esconder el cuerpo, el pudor pierde su sentido y cambia hacia otra forma de ser. Si la vergüenza era el motivo de esconderse, esta cambia hacia el orgullo y reafirmar la propia estima.

De hecho, el movimientos o comunidades nudistas suelen explicarse en este sentido: no tanto querer ser visto desnudo, sino la libertad de mostrarse.

Pudor, pues, pudiera ser una forma de miedo, un obstáculo aprendido que bloquea el libre ejercicio de la libertad y felicidad.

22 ene. 2017

"¿... y tú qué buscas?"

Según parece, todo el mundo vaga buscando algo y más vale tenerlo bien resumido en pocas palabras o pareciese que no sabe uno qué se está buscando.

Sugerir a una compañera de trabajo que me encuentre alguna cita fue seguido de un "¿... y tú qué buscas?". También omnipresente en lugares de encuentro online como APPs o webs de contacto. Por otro lado, durante una primera cita la misma cuestión suele retomarse, como un fondo en la conversación.

Y es la misma pregunta, la misma idea, la que revolotea una y otra vez. ¿No pueden las personas fluir sin destino y mejorar según qué vayan cruzándose?

La incógnita se impone durante el juego de impresiones entre desconocidos, se necesita para darle forma, categorías, motivaciones. Con el grave riesgo de caer en una falacia lógica: buscar algo puede ser interpretado como buscar exclusivamente eso. Muy al contrario, buscar algo o estar abierto a ello son intenciones muy distintas.

Una mismo cae en la tentación y congruente trampa. Responderla, o bien esperar respuesta. ¿Acaso no existe el riesgo de perder tiempo y energías en relaciones que no fueron aclaradas en su momento?

Más lejos, ¿sería todo más fácil si cada persona jugase sus cartas explicitando necesidades e intenciones? Sospecho que, como dicen, la verdad es un arma de doble filo.

Antaño decía que buscaba conocer gente, un café, y ya se vería después si había sexo o no, pero quienes buscaban sexo me tachaban de buscar pareja.

Otra vez y otra. Semanas, años. "¿... y tú qué buscas?" No encuentro modo alguno de escapar a su escrutinio, pues cualquier juego de palabras para evadirlo nunca es desapercibido.

Por mi parte, llevo años con el mismo planteamiento, que expreso a modo de guión (un corta-pega en interacciones online): "amigos nunca sobran, sexo bien, sex-amigo genial, pareja no (si acaso muy a la larga)". Hay quienes zanjan mi intento acusándome de buscar sexo, por el otro lado hay quienes buscan pareja y desisten ante mi falta de predisposición. Considérese mi convicción de que hay cosas tan excepcionales que pueden ser encontradas, pero no buscarse.

Por cierto, semejante esfuerzo intelectual y de honestidad (con uno mismo, con los demás) es digno de corta-pega, no quepa la menor duda.

Ahora bien, llegados a este punto... ¿tú que buscas?